No conoceré tu esencia
No admito que conozcas las mía
No creo en tu palabra ni en tu guía
No tolero tu animosidad
Ni soporto tu apatía
No haré mella de tu cuerpo
Ni seré parte de tu espíritu
No tomo tu defensa
Ni curo tu querencia
Mi espada, mi verdugo, mi caldero.
Mi carcelero del anhelo, mi devorador de sueños.
Adiestrador de serpientes de fuego que hieren
por ello: te olvido, te expió,
te destino al confinamiento
te destierro de mis miedos,
Y eructo sobre tus deseos.
Y Grito: La libertad es mía!!! con una voz de otro tiempo
Entonces, me pongo al mando y me libero
Bajo mis propios basamentos.
Me cago soberanamente en tus reglas
Y acuchillo tus ofensas.
Asestado el puñal,
Resido en el umbral
Entre el perdón y el odio mortal.
Un titubeo de un instante ocurre…
Y te indulto.
Allí yacen los insultos que se escurren en tierras muertas
Puertas se abren, carencias se evidencian
Y la claridad irradia, toda su magnificencia.
La cofradía explota y ante al derrota, la calma transpira sangre.
La tierra fértil vuelve a nutrirse, la cicatriz se agusana
Y compartimos la tisana en señal de sosiego.
Dejo el payo tumbado en el camino,
Me encomiendo al soberano y con mi espada al hombro
Redimo mi destino.
