Añoro la llegada del mensaje que ilumine la ilusión de tu presencia.
A lo lejos, casi te toco
Casi te abrazo y te beso
Y el vacío casi lleno de esperanzas que alimentan el espacio
Ese que no existe, ese que no es
Ese que a veces logro destruir y remover
Ese que a veces alimenta angustias y otras toma forma de peces voladores.
Espacio y despacio espero
Que vuelvas, que digas, que hables
Que saltes al vacío tan solo para alcanzarme y me estiro…
En el jump in dejo el puente y mientras espero llegar a algún lado
te veo, allí en callao y corrientes en la escalera,
Sentado, sonriendo con tu media sonrisa
Estirando tu mano, e invitándome tu abrazo
Este es un espacio de libertades, de respeto, de sensaciones. Este es un espacio Inlakesh..
lunes, 29 de marzo de 2010
jueves, 11 de marzo de 2010
DE GRANNY -ROMANCE DE LUCIA MIRANDA

Este poema es de mi Abuela pero no podia faltar en mi colección asi que de granny para el que quiera leer:
Romance de Lucia Miranda
Aguas abajo va el río
por entre verdes riberas
aguas arriba de un tiempo
que ya parece leyenda.
Aguas abajo cantando con acentos de epopeya
aguas arriba de un llanto
que de antiguo le desvela.
Mil quinientos treinta y dos
los años cristianos cuentan
en aquella noche infausta
como otra igual no recuerda
Del fuente de Sancti Spiritu
donde la España erigiera
la primera población
es esta parte de América,
ceniza y desolación
es lo único que resta.
No fue el oro quimérico
la llamarada funesta
que entre hispanos y timbúes
dió pábulo a la contienda,
no fueron joyas del plata,
ni peregrinas especias
las que inflamaron los odios
para incendios de esta guerra.
Fue.. por Lucía Miranda.
Ante su gracia y belleza,
el cacique Mangore
de las tribus de esta tierra,
sintió temblar en su pecho,
violento rugir de fiera,
semejante al que estremece
la calma de la floresta.
Y los mismo que un turbión
desbordado en fuerza ciega,
esclavo de la pasión
delirante de impaciencias,
por lograr a todo trance
lo que el derecho le veda,
precipitóse en el fuerte
con sus legiones guerreras.
Ni flechas, ni boleadoras
ni arcabuces, ni ballestas,
se dieron tregua ni paz
en la febril contingencia
y en esa noche lejana
bajo trágicas estrellas,
las aguas del Paranà
fueron corriendo sangrientas.
Al fin quedó Mangoré
tendido sobre la arena,
hecho hielo la pasiòn
dentro de su sangre yerta.
Ante el ataque feroz
fue vana la resistencia,
porque alli esta la española
de Siripo prisionera,
-tal, el cacique que inviste
la dignidad por herencia-
Uno tras otros los dias
giran sin cesar su rueda,
siempre iguales y baldíos,
de su baldía existencia,
pero a pesar de su dolor
que su corazon encierra
no se deja acobardar
ante la fortuna adversa,
y mientras en Dios se nutre
le reclama clemencia.
Uno tras otros los dias
siguen girando su rueda.
Reconcentrado y sombrío,
inmovil como una piedra,
pasa Siripo las horas
en callada indiferencia;
teñida de rojo almagre,
en su faz hermética
los ojos tan solo tienen
recóndita turbulencia.
Que late en su alma primaria?
Que palpita en su alma inquieta?
Ya no despiertan sus ansias
alternativas de guerra,
ni la caza del venado
por la tupida floresta
-que por ser un simulacro
de las virtudes guerreras,
los varones de su casta
en tiempos de paz se adiestran-
¡Oh Siripo vencedor
de la hermosa prisionera,
tu tambièn estás vencido
por al fiebre de tus venas
y estas cautivo en la càrcel
del amor que te atormenta!
Pero a Lucía Miranda
tan segura en su firmeza,
ni súplicas la quebrantan
ni amenazas la doblegan,
y en su virtud de diamante
no hay rigor que la conmueva.
Por eso el cacique cruel
dictamina la sentencia
y su barbara justicia
dice implacable ¡Que Muera!
La luna complice aguza
su filo de plata nueva
sobre lúgubres tambores
pregoneros de tragedia,
mientras en las sombras crecen
rojos delirios de hoguera,
junto a las aguas del río
que se agitan turbulentas.
Ya van suviendo las llamas
por escalas de azucenas,
ya va Lucía Miranda
camino de su grandeza.
Arriba, el signo sagrado
que conforman cuatro estrellas,
derrama, como un consuelo,
su piadosa refulgencia.
Aguas abajo va el río
por entre verde riberas,
aguas arriba de un tiempo
que ya parece leyenda.
Aguas abajo cantando
con acentos de epopeya,
aguas arriba de un llanto
que de antiguo le desvela,
por eso, cuando en el pecho
le van floreciendo estrellas
y es apenas un rumor
el llanto de la sauceda,
su vieja melancolía
bajo la hora de seda
hace plegaría el cantar
y casi en silencio reza.
Por ti, Lucía Miranda
por tu carne de azucena
sustentadora inocente
del furor de atroces lenguas
Por ti, Lucia cristiana,
por esa tu fe sin mengua
que supo que los dolores
tambien a la gloria llevan
Por ti, Lucía española
por al sangre de tus venas
que fue en suelo aborigen
savia de la raza nueva
que hoy levanta lozana
como flor de hispano America.
Carmen. Kehoe de Castro
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